martes

A Tupac Amaru - Himno Canción

Como parte de las celebraciones del centenario del nacimiento de José María Arguedas reproducimos uno de los poemas que escribiera el maestro en el cuál también se expresa su búsqueda de toda la vida, aquella que habla de nuestra identidad y de lo que significa como forma de redimir nuestro pasado y lanzarnos hacia el futuro con esperanza.



TUPAC AMARU KAMAQ TAYTANCHISMAN (HAYLLI-TAKI) / A NUESTRO PADRE CREADOR TUPAC AMARU (HIMNO-CANCION)


Doña Cayetana, mi madre india, que me protegió con sus lágrimas y su ternura, cuando yo era niño huérfano alojado en una casa hostil y ajena. A los comuneros de los cuatro ayllus de Puquio en quienes sentí por vez primera, la fuerza y la esperanza.

José María Arguedas

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Tupac Amaru, hijo del Dios Serpiente; hecho con la nieve del Salqantay; tu sombra llega al profundo corazón como la sombra del dios montaña, sin cesar y sin límites.

Tus ojos de serpiente dios que brillaban como el cristalino de todas las águilas, pudieron ver el porvenir, pudieron ver lejos. Aquí estoy, fortalecido por tu sangre, no muerto, gritando todavía.

Estoy gritando, soy tu pueblo; tú hiciste de nuevo mi alma; mis lágrimas las hiciste de nuevo; mi herida ordenaste que no se cerrara, que doliera cada vez más. Desde el día en que tú hablaste, desde el tiempo en que luchaste con el acerado y sanguinario español, desde el instante en que le escupiste a la cara; desde cuando tu hirviente sangre se derramó sobre la hirviente tierra, en mi corazón se apagó la paz y la resignación. No hay sino fuego, no hay sino odio de serpiente contra los demonios, nuestros amos.

Está cantando el río,
está llorando la calandria,
está dando vueltas el viento;
día y noche la paja de la estepa vibra;
nuestro río sagrado está bramando;
en las crestas de nuestros Wamanis montañas,
en su dientes, la nieve gotea y brilla.

¿En dónde estás desde que te mataron por nosotros?

Padre nuestro, escucha atentamente la voz de nuestros ríos; escucha a los temibles árboles de la gran selva; el canto endemoniado, blanquísimo del mar; escúchalos, padre mío, Serpiente Dios. ¡Estamos vivos; todavía somos! Del movimiento de los ríos y las piedras, de la danza de árboles y montañas, de su movimiento, bebemos sangre poderosa, cada vez más fuerte. ¡Nos estamos levantando, por tu casa, recordando tu nombre y tu muerte!

En los pueblos, con su corazón pequeñito, están llorando los niños.
En las punas, sin ropa, sin sombrero, sin abrigo, casi ciegos, los hombres están llorando, más tristes, más tristemente que los niños.
Bajo la sombra de algún árbol, todavía llora el hombre, Serpiente Dios, más herido que en tu tiempo; perseguido, como filas de piojos.
¡Escucha la vibración de mi cuerpo! Escucha el frío de mi sangre, su temblor helado.
Escucha sobre el árbol de lambras el canto de la paloma abandonada,
nunca amada;
el llanto dulce de los no caudalosos ríos, de los manantiales que suavemente
brotan al mundo.

¡Somos aún, vivimos! (Kachqanirakmi)

De tu inmensa herida, de tu dolor que nadie habría podido cerrar, se levanta para nosotros la rabia que hervía en tus venas. Hemos de alzarnos ya, padre, hermano nuestro, mi Dios Serpiente. Ya no le tenemos miedo al rayo de pólvora de los señores, a las balas y la metralla, ya no le tememos tanto. ¡Somos todavía! Voceando tu nombre, como los ríos crecientes y el fuego que devora la paja madura, como las multitudes infinitas de las hormigas selváticas, hemos de lanzarnos, hasta que nuestra tierra sea de veras nuestra tierra y nuestros pueblos nuestros pueblos.

Escucha, padre mío, mi Dios Serpiente, escucha:
las balas están matando,
las ametralladoras están reventando las venas,
los sables de hierro están cortando carne humana;
los caballos, son sus herrajes, con sus locos y pesados cascos, mi cabeza,
mi estómago están reventando,
aquí y en todas parte;
sobre el lomo helado de las colinas de Cerro de Pasco,
en las llanuras frías, en los caldeados valles de la costa,
sobre la gran yerba viva, entre los desiertos.

Padrecito mío, Dios Serpiente, tu rostro era como el gran cielo, óyeme: ahora el corazón de los señores es más espantosos, más sucio, inspira más odio. Han corrompido a nuestros propios hermanos, les han volteado el corazón y, con ellos, armados de armas que el propio demonio de los demonios no podría inventar y fabricar, nos matan. ¡Y sin embargo, hay una gran luz en nuestras vidas! ¡Estamos brillando! Hemos bajados a las ciudades de los señores. Desde allí te hablo.

Hemos bajado como las interminables filas de hormigas de la gran selva. Aquí estamos, contigo, jefe amado, inolvidable, eterno Amaru.

Nos arrebataron nuestras tierras. Nuestras ovejitas se alimentan con las hojas secas que el viento arrastra, que ni el viento quiere; nuestra única vaca lame agonizando la poca sal de la tierra. Serpiente Dios, padre nuestro: en tu tiempo éramos aún dueños, comuneros. Ahora, como perro que huye de la muerte, corremos hacia los valles calientes. Nos hemos extendido en miles de pueblos ajenos, aves despavoridas.

Escucha, padre mío: desde las quebradas lejanas, desde las pampas frías o quemantes que los falsos wiraqochas nos quitaron, hemos huido y nos hemos extendido por las cuatro regiones del mundo. Hay quienes se aferran a sus tierras amenazadas y pequeñas. Ellos se han quedado arriba, en sus querencias y, como nosotros, tiemblan de ira, piensan, contemplan. Ya no tememos a la muerte. Nuestras vidas son más frías, duelen más que la muerte. Escucha, Serpiente Dios: el azote, la cárcel, el sufrimiento inacabable, la muerte, nos han fortalecido, como a ti, hermano mayor, como a tu cuerpo y tu espíritu. ¿Hasta donde nos ha de empujar esta nueva vida? La fuerza que la muerte fermenta y cría en el hombre ¿no puede hacer que el hombre revuelva el mundo, que lo sacuda?

Estoy en Lima, en el inmenso pueblo, cabeza de los falsos wiraqochas. En la Pampa de Comas, sobre la arena, con mis lágrimas, con mi fuerza, con mi sangre, cantando, edifiqué una casa. El río de mi pueblo, su sombra, su gran cruz de madera, las yerbas y arbustos que florecen, rodeándolo, están, están palpitando dentro de esa casa; un picaflor dorado juega en el aire, sobre el techo.

Al inmenso pueblo de los señores hemos llegado y lo estamos removiendo. Con nuestro corazón lo alcanzamos, lo penetramos; con nuestro regocijo no extinguido, con la relampagueante alegría del hombre sufriente que tiene el poder de todos los cielos, con nuestros himnos antiguos y nuevos, lo estamos envolviendo. Hemos de lavar algo las culpas por siglos sedimentadas en esta cabeza corrompida de los falsos wiraqochas, con lágrimas, amor o fuego. ¡Con lo que sea! Somos miles de millares, aquí, ahora. Estamos juntos; nos hemos congregado pueblo por pueblo, nombre por nombre, y estamos apretando a esta inmensa ciudad que nos odiaba, que nos despreciaba como a excremento de caballos. Hemos de convertirla en pueblo de hombres que entonen los himnos de las cuatro regiones de nuestro mundo, en ciudad feliz, donde cada hombre trabaje, en inmenso pueblo que no odie y sea limpio, como la nieve de los dioses montañas donde la pestilencia del mal no llega jamás. Así es, así mismo ha de ser, padre mío, así mismo ha de ser, en tu nombre, que cae sobre la vida como una cascada de agua eterna que salta y alumbra todo el espíritu y el camino.

Tranquilo espera,
tranquilo oye,
tranquilo contempla este mundo.
Estoy bien ¡alzándome!
Canto;
mismo canto entono.
Aprendo ya la lengua de Castilla,
entiendo la rueda y la máquina;
con nosotros crece tu nombre;
hijos de wiraqochas te hablan y te
escuchan
como el guerrero maestro, fuego
puro que enardece, iluminando.
Viene la aurora.
Me cuentan que en otros pueblos
los hombre azotados, los que sufrían,
son ahora águilas, cóndores de
inmenso y libre vuelo.
Tranquilo espera.
Llegaremos más lejos que cuanto tú quisiste y soñaste.
Odiaremos más que cuanto tú odiaste;
amaremos más de lo que tú amaste,
con amor de paloma encantada, de calandria.
Tranquilo espera, con ese odio y con ese amor sin sosiego y sin límites, lo que tú no pudiste lo haremos nosotros.

Al helado lago que duerme, al negro precipicio, a la mosca azulada que ve y anuncia la muerte a la luna, las estrellas y la tierra, el suave y poderoso corazón del hombre; a todo ser viviente y no viviente, que está en el mundo, en el que alienta o no alienta la sangre, hombre o paloma, piedra o arena, haremos que se regocijen, que tengan luz infinita, Amaru, padre mío. La santa muerte vendrá sola, ya no lanzada con hondas trenzadas ni estallada por el rayo de pólvora. El mundo será el hombre, el hombre el mundo, todo a tu medida.

Baja a la tierra, Serpiente Dios, infúndeme tu aliento; pon tus manos sobre la tela imperceptible que cubre el corazón. Dame tu fuerza, padre amado.

miércoles

¿QUE SOMOS LOS PERUANOS? ENSAYANDO NUESTRA IDENTIDAD



"¿QUÉ SOMOS LOS PERUANOS?, ENSAYANDO NUESTRA IDENTIDAD"

NOTA DE PRENSA


En el marco de la FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO AREQUIPA 2010, el Instituto Constructor, Órgano Técnico del Partido Político Constructores Perú, organizará el día domingo
19 de setiembre en la sala "José Ruiz Rosas" del parque Libertad y Expresión a la 1:00 pm la mesa redonda denominada ¿QUÉ SOMOS LOS PERUANOS?, ENSAYANDO NUESTRA IDENTIDAD evento que contará con la participación de:


JORGE BEDREGAL LA VERA (Historiador)

JOSE LUIS GARGUREVICH (Sociólogo)

EUSEBIO QUIROZ PAZ SOLDAN (Historiador)

JOSE LUIS VARGAS (Sociólogo)

CARLOS RIVERA (Periodista)

ENRIQUE DURAND VILLALOBOS (Comunicador)


Conocedores de la importancia e interés que despierta el tema de la identidad y tratando de consensuar puntos de vista y perspectivas de estudio y análisis sobre este tema, es que se organiza dicho evento para dilucidar acercamientos y compartir dichas experiencias con la ciudadanía en general a fin de que vayamos comprendiendo un poco más de qué está hecha nuestra identidad y cuál es su fin y su objeto.

Esperamos la concurrencia de todos y hacemos la cordial invitación a jóvenes universitarios, profesionales, intelectuales y público interesado.

Se agradece su difusión

Arequipa, Setiembre 13 del 2010

Atentamente

RICARDO INCA GUZMAN

COORDINADOR DEL INSTITUTO CONSTRUCTOR - AREQUIPA




AFICHE DE MESA REDONDA ¿ AREQUIPA CHOLA?


MESA REDONDA EN AREQUIPA- ¿AREQUIPA CHOLA?












NOTA DE PRENSA

En el marco de la FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO AREQUIPA 2009, el Instituto Constructor -Arequipa organizó el día lunes 28 de setiembre en la sala “José Ruiz Rosas” del parque Libertad y Expresión a las 16:00 pm la mesa redonda denominada ¿AREQUIPA CHOLA?, ENCUENTROS Y DESENCUENTROS ACERCA DE NUESTRA IDENTIDAD evento que contó con la participación de:

JORGE BEDREGAL LA VERA (Historiador)
RAMIRO VARGAS (Presidente del Partido Político Constructores Perú)
EUSEBIO QUIROZ PAZ SOLDAN (Historiador)
JOSE LUIS VARGAS (Sociólogo)
CARLOS RIVERA (periodista y escritor)
GUSTAVO JARA (Paleontólogo)

Durante la participación de los ponentes se destaca el sumo interés que despertó el tema planteado que provocó por momentos posiciones y discrepancias. El auditorio fue concurrido y contó además con la presencia de los medios de comunicación de la ciudad. A continuación compartimos la página web de la feria que notició sobre el evento y el respectivo link.

Se adjunta a la presente el respectivo afiche.

http://filarequipa.pe/

http://filarequipa.pe/?p=1016

martes

La fiesta de San Juan: ¿una fiesta chola?

La semana pasada la selva peruana festejó la fiesta religiosa de San Juan, cuya festividad llegó con los conquistadores españoles y, al coincidir con la fecha del Inti Raymi o Fiesta del Sol, se alimentó de elementos y rituales prehispánicos, convirtiéndose en una celebración popular que fusiona lo nativo y lo foráneo. Esta descripción quizá nos pueda dar luces sobre el proceso de mestizaje que para María Rostorowski constituye lo “cholo”.

Con lo anotado, queremos poner sobre el tapete un tema que ha sido postergado: la choledad de la Amazonía. Así, ¿es posible referirnos a un proceso de cholificación de la Amazonía?, ¿o es que la cultura amazónica está ajena a ello?

A continuación un artículo que nos da luces sobre el proceso de mestizaje:



Ciudad multicultural y estudios culturales

Rafael Ojeda (Periodista)
(Tomado de http://www.elperuano.com.pe/identidades/97/generos.asp)
.
Algunos dicen que la Selva posee un encanto que hace que quien la conoce no la pueda dejar jamás. Tal vez esa sea la historia de muchos inmigrantes que llegaron a Pozuzo, Tarapoto, Tocache y Aguaytía, entre otras ciudades. Juan José Vega escribió de una de ellas en 1976: “Es difícil hallar en Tingo María quien tenga el recuerdo de épocas lejanas, sencillamente porque resulta casi imposible hallar tingaleses, salvo niños o gente muy joven. Pues casi toda la población –hoy numerosa– ha venido de fuera”.

Esto se repite en muchas ciudades de orígenes difíciles de determinar, que antes habían sido asentamientos de pioneros y colonos, peruanos y europeos, a los que se sumaron en las últimas décadas las migraciones motivadas por el auge del narcotráfico, que atrajo cantidades ingentes de moradores de las serranías que se establecieron y dedicaron al cultivo de la coca.

En esos centros urbanos convergen distintas expresiones culturales y tradiciones, pero el embate mediático ha impuesto una cultura de la diversión que está ocasionando la desaparición de manifestaciones folclóricas –como la pandilla–, las cuales ceden ante la influencia de la música andina, la cumbia colombiana y los ritmos brasileños, mejor adaptados al mercado. Los principales reductos folclóricos de la región aún están en Lamas, Pucallpa e Iquitos.

Hay muchos vacíos en los estudios culturales amazónicos que, ante la ausencia de investigaciones etnológicas, antropológicas y musicológicas, han ocasionado que existan lugares en los que todo esto está por iniciarse, donde muchas costumbres se han perdido o están en camino de perderse, mientras el escasísimo material existente sobre ellas se dispersa en revistas e investigaciones foráneas.

No obstante, la necesidad simbólico-identitaria impuesta por el mercado y la necesidad de vender exotismo en los estilos de vida, exigidos por el turismo, han hecho que la población multicultural de la ciudad haya comenzado a recuperar las complejas iconografías y vistosas danzas de grupos étnicos, como los shipibo-conibo, cuya imaginería descollante ha repercutido en el espacio simbólico y visual de muchos de los centros urbanos de la región.

Pero ni el universo mítico de la noche, rico en seres terroríficos – la Achiquinvieja , ser antiguo y contrahecho que rapta niños para devorarlos; los Yacurunas, bufeos que roban almas humanas; el Maligno y Tentador, seres espectrales que avanzan en sombra negra llevando el mal de los muertos por la ciudad–, ni esa alegría solar que caracteriza a los habitantes de la zona han sido bien tratados en la famélica literatura selvática, desaprovechados como recurso estético que pudo darle la originalidad de una sensibilidad amazónica propia, como la brasileña. Destaca la solitaria voz de Arturo Hernández, de Selva trágica y Sangama, aunque con incidencias más bien naturalistas. Fragilidad de la que no escapan otras disciplinas, debido a la pobre política cultural y el bajo nivel intelectual de los centros de estudio.

jueves

¡Son peruanos! ¡Son peruanos!

Wilfredo Ardito Vega

Hace dos años, regresaba al Perú desde Guatemala, pero el avión se retrasó por un problema de mal tiempo y perdimos la conexión en Costa Rica. No había otro vuelo hasta el día siguiente. Me dirigí al mostrador de la aerolínea con otros quince pasajeros peruanos, en su mayoría familias que venían de pasar las vacaciones de Fiestas Patrias en Estados Unidos. Había también una señora española cuyo esposo trabajaba en Telefónica.

Cuando por fin el displicente empleado aceptó que debían llevarnos a un hotel, me pidió mi pasaporte y exclamó asustado:

-Pero, ¡usted es peruano! ¡Son peruanos!

-Sí, pero no queremos quedarnos en Costa Rica. Estamos yendo a Lima.

-¡Tengo peruanos aquí! –insistía el empleado por teléfono, como si hubiera llegado un cargamento de leprosos–.

-¿Qué pasa? –me preguntaban los compatriotas.

Yo les expliqué que, como no teníamos visa para Costa Rica, nuestra presencia era irregular. Añadí que ya era la tercera vez que me quedaba varado allí, gracias a la informalidad de las aerolíneas centroamericanas, pero no les dije que nunca antes nuestra nacionalidad había generado tanta reacción.

Mientras caía la noche, nos permitieron llamar por teléfono al Perú. El aeropuerto estaba desierto y los empleados de la aerolínea preparaban con lentitud una solicitud de autorización para nuestra permanencia temporal. Teníamos hambre, porque en el avión sólo nos habían dado dos bolsitas de maní a mediodía. Quizás por un presentimiento, yo había desayunado en abundancia tamales, huevos revueltos, tortillas y otras viandas guatemaltecas.

Recién a las ocho de la noche nos condujeron por unos largos pasadizos hasta la salida. Cerca de los detectores de metales había un frasco roto de champú en el suelo.

-¿Quién de ustedes ha hecho esto? –nos preguntó agresivo un policía.

Parecía que los peruanos tenían la culpa de todo lo que andaba mal en el aeropuerto.
Súbitamente un funcionario gritó:
-¡Vuelvan a la sala de espera!

Obedecimos, pero luego decidí ir a buscar una explicación y me la dieron con cierta vergüenza. Llamé aparte a los adultos y les dije:

-Señores, a veces nos quejamos que el Perú es un país desorganizado, ¿no es así? Bueno, estos patas –usé el peruanismo adrede para mitigar la tensión -han bajado de su computadora una solicitud para nuestra autorización…, pero no le cambiaron la fecha. Por eso tienen que volver a hacer todo de nuevo.

Una hora después salimos del aeropuerto y nos esperaban en una combi dos policías, uno negro y otro blanco, más pequeños que cualquier policía peruano. Se quedaron con todos nuestros pasaportes y solamente hablaban con la señora española, como si los peruanos fuéramos algo contagioso. Nos llevaron a un hotel campestre, de habitaciones diminutas donde nos esperaba un buffet insípido, pero que a esa hora parecía una maravilla. Pensando que era otra peruana ilegal, a la española la gritaron los mozos por pretender servirse dos presas de pollo. Sólo a la mañana siguiente, minutos antes de partir, nos devolvieron el pasaporte.

Este episodio se me ha venido a la mente, ahora que el Parlamento Europeo ha aprobado medidas severísimas contra los inmigrantes ilegales. Se ha dispuesto su reclusión hasta por 18 meses, la repatriación de niños a países que no conocen y la prohibición a los inmigrantes expulsados de regresar por cinco años o más. Esta criminalización de los migrantes resulta sorprendente en gobiernos que pretenden ser democráticos y respetuosos de los derechos humanos, pero que en la práctica colocan la ciudadanía europea como el verdadero elemento a ser respetado.

Un mes después que los gobernantes europeos expresaron en Lima su preocupación frente a la pobreza de América Latina, tratan como criminales a los pobres, porque la pobreza es la razón principal de la inmigración ilegal. Ahora que Europa Oriental proporciona suficiente mano de obra barata, quienes provienen de otros lugares ya no son bienvenidos.

Muchos gobernantes latinoamericanos han recordado lo bien que fueron acogidos los inmigrantes europeos en esta parte del mundo y, al parecer, están estudiando una reacción conjunta. A mi modo de ver, lo mínimo que podríamos hacer los peruanos es pedir visa para los visitantes europeos, por un elemental principio de reciprocidad, que, por ahora, sólo funciona hacia mexicanos y centroamericanos.

El incidente de Costa Rica no fue la última vez que el destino me convirtió en inmigrante ilegal. Hace dos años, tras descender del avión que venía de Inglaterra a Madrid me sorprendió llegar a la calle sin ver ningún funcionario de migraciones: habíamos aterrizado en la zona de vuelos nacionales.

Como corresponde a un honesto ciudadano peruano, busqué afanoso por todo el aeropuerto la oficina de migraciones. El funcionario que me selló el pasaporte ni me preguntó cómo había llegado a España. ¿Qué podría pasar en los nuevos tiempos europeos?

Cholos en Larcomar

El problema de racismo surgido en Miraflores contra dos ciudadanos no ha concitado el interés de la opinión pública, pese a su gravedad y a la falta de decencia pública del alcalde de tal distrito. Ello muestra que aún hoy hay un gran problema de sintonía de los grupos de poder (en este caso político) con el ciudadano de a pié de este país. El futuro, que estamos seguros será uno que permita que todos los ciudadanos puedan hacer los proyectos de vida que deseen, pasa por reconocer la diversidad como positiva y, además, aceptar y valorar las condiciones étnicas y culturales de cada cual.

Proponemos, a título de protesta contra las actuaciones de racismo que perviven, reflexionar a partir de los dos textos siguientes, escritos por dos personas de bien, aparecidos en el Diario Peru 21...
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Delito de cacharro
Jorge Bruce
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El alcalde de Miraflores, Manuel Masías, estuvo presente en una conferencia de prensa, convocada por la oficina de Imagen Institucional de dicha municipalidad.

Ahí se reveló haber detenido a una banda de delincuentes que venían vulnerando la seguridad de los vecinos: Los Malditos de Larcomar. Cuando salió a la luz que los supuestos malhechores eran, en realidad, jóvenes deportistas de San Juan de Lurigancho -los que, sin embargo, habían sido enmarrocados y, según afirman, maltratados e, incluso, se les habría intentado 'sembrar' droga para incriminarlos-, el director de la Policía, Octavio Salazar, relevó al comisario de Miraflores y al mayor encargado del caso. En cambio el alcalde miraflorino se negó a ofrecer disculpas, alegando que las investigaciones no habían concluido. Lo cual es un absurdo más grande que el parque Kennedy.

Si dichas pesquisas recién comenzaban, ¿cómo pudo participar en una conferencia de prensa para anunciar que "en un trabajo conjunto entre el Serenazgo y la Policía se logró desarticular a una peligrosa banda de asaltantes que mantenía en vilo al distrito"? ¿Se les puede presentar como delincuentes sin que se haya probado su culpabilidad, y no se deben ofrecer disculpas cuando todo indica que se trata de un error gravísimo?

Lo que agrava el caso es la fundada sospecha de un "error" de corte racista, basado en el peligro -este sí real- del funcionamiento en base a prejuicios: ¿cholos con bicicletas, celulares y MP4?
El peligro radica en que de los prejuicios -opinión previa y tenaz, representación mental en virtud de la cual se confiere una significación extensa a los signos raciales- se salta a la discriminación, que es el pasaje al acto, por lo general en forma de abusos o denigración.

Esto parece haber sido lo que ocurrió en perjuicio de Abraham Nina Márquez, Jorge Chávez, Daniel Távara y César Cavero.

Su infracción consistió en lo que se podría llamar delito de 'cacharro' (rostro, en jerga).

En su afán de mostrar avances en la lucha contra la delincuencia, las fuerzas del orden no dudaron en obrar precipitadamente, humillando y dañando la reputación de cuatro muchachos inocentes.

Pero lo más escandaloso es la negativa del alcalde a disculparse. No solo por lo que esto revela de su concepción de la autoridad -para mostrar logros, acude presuroso; para reconocer daños contra personas lesionadas en sus derechos y dignidad, exige pruebas- sino particularmente por la señal que envía a la comunidad.

Si esos cuatro chicos fueran de los que se admiten sin problemas en ciertas discotecas del centro comercial que da nombre a la banda de marras, no habría necesidad de pedir disculpas porque las detenciones violentas ni, a fortiori, la conferencia de prensa, habrían tenido lugar.

Si los derechos no son de todos, son privilegios que causan rencor y dolor en los discriminados, remordimiento inconsciente y temor en los privilegiados. Lejos de integrar, el alcalde divide.

El racismo se manifiesta en la desigualdad en el trato a las personas, en función de sus rasgos étnicos o apariencia.

No es, como se ve, exclusivo de los sectores "beneficiados".

Al actuar con esa irresponsabilidad -y quizás dolo si lo de la 'siembra' se comprueba- tanto serenos como policías se someten a patrones racistas hegemónicos, en el ámbito de la autodiscriminación.

Lo que ellos le hicieron a esos chicos mañana se lo pueden hacer otras autoridades, identificadas con el agresor, a sus hijos o parientes. O a ellos mismos.


Malditos (cholos) de Larcomar: ¿Tanto le cuesta ofrecer disculpas, alcalde Masías?
Augusto Alvarez Rodrich

'Blanco corriendo: atleta haciendo ejercicio; cholo corriendo: ladrón escapando de la escena del crimen'. Este chiste racista que se suele escuchar es lo que parece haber ocurrido, hace poco, en un incidente lamentable durante un evento de ciclismo realizado en Larcomar.

Cuatro jóvenes entusiasta de ese deporte asistieron a ese centro comercial el jueves de la semana pasada pues dentro del mismo se realizaba una novedosa competencia de ciclismo. De pronto, mientras lo presenciaban, fueron detenidos, esposados y -según su propia versión- golpeados en la comisaría de Miraflores, donde no se les permitió preguntar por qué estaban ahí, y se los obligó a firmar una declaración que no les permitieron leer.

Las pruebas eran, como en el chiste racista, estar en un centro comercial de buen nivel, portar celulares, cámaras digitales y -aún más sospechoso- un MP4, así como -lo cual parece haber sido la evidencia contundente- tener aspecto de cholos. Es decir, los habían agarrado con las manos en la masa.Peor aún. Siempre de acuerdo con su versión, ante la protesta de los detenidos, se les amenazó con sembrarles droga, con lo cual la pena a la que se exponían era mucho más severa que un hurto.

Poco después, el alcalde de Miraflores, Manuel Masías, y el jefe policial del distrito, Luis Flores, los presentaron ante la prensa como delincuentes peligrosos e integrantes de la temida banda 'Los Malditos de Larcomar'. A 'jamonearse', entonces, con la captura del temido grupo que anda robando carteras y propiedad privada en dicho establecimiento comercial, lo cual es cierto y, evidentemente, genera indignación en los clientes y preocupación en las autoridades.

El problema, como se sabe ahora, es que los muchachos detenidos no eran los integrantes de la banda 'Los Malditos de Larcomar', solo que 'se parecían a ellos'.Todos los indicios apuntan a que se trata de un nuevo caso de discriminación racial inaceptable que puede dar para un nuevo chiste: 'blanco con MP4, cliente; cholo con MP4, choro'.

Y es lamentable, finalmente, que ayer en RPP, el alcalde Masías no aceptara la invitación para ofrecerles una disculpa a los jóvenes ciclistas. ¿Tanto cuesta reconocer un error?